Cuenta la leyenda que, en la mítica Troya había un joven príncipe llamado Titono, el cual poseía una excelsa belleza, digna de los dioses, belleza que no pasó desapercibida para la diosa Aurora, que en cada amanecer volaba por toda la cúpula celeste anunciando la llegada del Sol, su hermano Helios. La diosa Aurora, se enamoró perdidamente de este mortal y le rogó a Zeus que concediera la inmortalidad a su deseado Titono, deseo que Zeus complació.
Con el paso de los años, Titono fue envejeciendo y como era inmortal siguió y siguió arrugándose y encogiéndose hasta el punto de ser algo irreconocible, incomparable a la belleza que antaño poseía, pues es que Zeus le concedió la inmortalidad, pero no la juventud eterna.
Aurora, horrorizada y deseando quitarse de en medio una criatura tan desagradable, encerró a Titono en una habitación eternamente, donde hasta el día de hoy, en cada amanecer, el príncipe troyano se lamenta de una vejez que nunca quiso.
Cada vez que Titono siente los primeros rayos de Sol, imagina tiempos pasados y a Aurora volando por la cúpula celeste y llora desconsoladamente. Sus lágrimas regarán por toda la eternidad los campos de la tierra, formando el rocío del alba mientras anhela desesperadamente la muerte, que nunca llega*
*Tomado de La gerascofobia y su influencia en el climaterio, de Francisco de la Rosa.
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Desde que pisé los 30 empecé a pensar en el envejecimiento. Mi primera arruga me aterrizó a la realidad de todo ser vivo de esta tierra: he de morir pero aún peor, la belleza que creo que poseo, se esfumará.
Yo, que creí que sería joven para siempre. Puede parecer superfluo, quizás lo sea, pero siento que dedico mucho tiempo a pensar en ello, y -últimamente- a buscar insumos que externa e internamente me alejen de las secuelas de la edad.
No recuerdo escuchar a mis padres quejarse porque envejecían. Pero últimamente, en conversaciones con amigos noto que la dinámica anti-envejecimiento se replica. Es 2026 y solo hay que googlear cuántos tratamientos antiedad pululan, con precios accesibles, invitando cada vez a más y más gente a replantear la aceptación de su físico. ¿Por qué no verse como Chuando Tan? O como Lindsay Lohan.
“El Síndrome de Titono es usado como ejemplificación de una serie de aspectos históricos y psicopatológicos que emanan de una percepción inadecuada del proceso de envejecimiento y los prejuicios que le acompañan, así como trastornos psicológicos y psiquiátricos como la gerascofobia y las actitudes y trato hacia la senectud (edadismo)”, explica Francisco De la Rosa.
Midorexia, gerascofobia … luego edadismo y posiblemente depresión.
¿Por qué nos gustan tanto las arrugas en nuestros abuelos pero no queremos parecernos a ellos?
La depresión está en camino de convertirse en el mayor problema de salud global para el año 2050, superando a enfermedades crónicas como las cardiovasculares y el cáncer. Según la Organización Mundial de la Salud.
¡Ah, por todo nos quejamos los millennials!










