Con más de 1.400 millones de adultos en el mundo que no realizan suficiente actividad física, según la OMS, las plataformas de entrenamiento con inteligencia artificial se presentan como una solución accesible, económica y personalizada. Desde rutinas para tonificar hasta planes para bajar de peso, estas apps prometen acompañamiento continuo sin necesidad de un entrenador humano; la promesa es atractiva: entrenamientos adaptados a cada persona, retroalimentación instantánea y disponibilidad permanente. Pero ¿hasta qué punto pueden cumplir esa promesa?
Expertos en fisioterapia recuerdan que la IA puede ser útil, pero tiene límites, ya que, estas herramientas pueden ser aliadas para fomentar la actividad física, pero no sustituyen la experticia clínica ni la valoración funcional que hace un profesional capacitado. “Estas herramientas no hacen un análisis clínico del cuerpo humano, no valoran historial médico, ni condiciones musculoesqueléticas, ni variables psicosociales. Pueden ayudar a sistematizar un plan, pero no a tomar decisiones terapéuticas”, señala Paula Milena Buitrago Florián, fisioterapeuta y especialista en docencia e investigación en salud.
El uso de estas tecnologías se ha disparado en los últimos años. Solo en 2023, se descargaron más de 800 millones de apps de fitness en el mundo, muchas con algoritmos que ajustan entrenamientos en función de datos que el usuario ingresa voluntariamente. Sin embargo, la información que ofrecen suele ser limitada: pocas aplicaciones verifican la ejecución correcta de los ejercicios, el nivel de fatiga o el riesgo de lesión.
“La inteligencia artificial es una aliada para fomentar el movimiento, pero nunca debe sustituir el criterio profesional. Una consulta inicial de fisioterapia es vital para conocer la condición del usuario, plantear objetivos y generar una prescripción del ejercicio que abarque las necesidades del individuo”, advierte Buitrago Florián. La preocupación no es menor. Personas con condiciones previas como problemas cardiovasculares, lesiones articulares o desequilibrios posturales pueden empeorar su estado al seguir rutinas mal adaptadas a sus necesidades. Incluso en individuos sanos, la falta de una evaluación inicial puede limitar el progreso o generar frustración.
No se trata de rechazar la tecnología, sino de comprender su función real: acompañar, no dirigir. “Estamos en un momento en el que debemos educar a las personas sobre el uso crítico de estas herramientas. Analizar datos según las condiciones de cada individuo debe estar acompañado de una valoración y prescripción previa”, agrega la experta. El uso de entrenadores de IA definidos como sistemas que generan rutinas a partir de parámetros individuales y objetivos físicos puede resultar especialmente útil en personas con autonomía funcional, metas recreativas o deportivas, y conocimientos básicos sobre su estado de salud. Pero cuando se trata de prevención, optimización, mantenimiento y rehabilitación, la guía profesional es indispensable.
“Nos preocupa que muchas personas confíen ciegamente en una app sin haber sido valoradas previamente. Una prescripciónmal diseñada puede no solo ser inefectiva, sino riesgosa para la salud”, añade la directora. Algunas universidades en Colombia ya están incorporando discusiones sobre estas tecnologías en sus programas de formación, no desde la fascinación tecnológica, sino desde la necesidad de que los futuros profesionales sepan cómo trabajar con IA sin delegarle decisiones clínicas.
En este Día Mundial de la Actividad Física, vale la pena preguntarse: ¿estamos haciendo ejercicio de forma consciente o solo siguiendo una rutina sugerida por una app?. En un momento en el que la IA comienza a mediar cada vez más aspectos de la vida cotidiana es fundamental promover el ejercicio físico con conciencia, evidencia y acompañamiento. Desde la academia, es urgente formar profesionales de la salud que no le teman a la tecnología, pero que sepan cuándo y cómo usarla. El movimiento corporal humano es importante para la salud y calidad de vida, por lo cual se debe realizar con criterio y efectividad.