El herpes zóster es una infección causada por la reactivación del virus de la varicela-zóster, el mismo que produce la varicela en la infancia. Después de que una persona supera la varicela, el virus no desaparece del organismo, sino que permanece latente en los nervios. Años o décadas después, cuando las defensas del cuerpo disminuyen, el virus puede reactivarse y causar herpes zóster, una enfermedad caracterizada por dolor intenso y una erupción en la piel.
El experto Iván Zuluaga explica a El Signo Vital que esta infección se presenta predominantemente en personas con el sistema inmunológico comprometido. “Por ejemplo, pacientes que viven con VIH, personas en tratamiento prolongado con corticoides, quienes reciben terapias con medicamentos biológicos, pacientes con cáncer que ingresan a quimioterapia y personas trasplantadas. Este grupo es el más vulnerable”, señala.
Como segunda línea de riesgo se encuentran los adultos mayores de 60 años, quienes experimentan una disminución natural de las defensas, un proceso conocido como inmunosenescencia. Por esta razón, también son candidatos a la vacunación.
Actualmente, el gobierno aplica la vacuna contra el herpes zóster a los mayores de 60 años con factores de riesgo y a todas las personas con inmunidad comprometida. Sin embargo, a nivel mundial, la recomendación es que toda persona, independientemente de su estado inmunológico, comience a recibir la vacuna contra el virus del herpes zóster a partir de los 50 años.
Síntomas
Los primeros signos de culebrilla incluyen ardor o dolor punzante y hormigueo o picazón. En general, se presenta a un lado del cuerpo o la cara.










