El panorama es triste: 43.000 familias resultaron damnificadas por las intensas lluvias registradas en el departamento de Córdoba. De acuerdo con informes de la Gobernación, el frente frío ha afectado a 24 de los 30 municipios, lo que equivale al 80 % del territorio departamental.
Montería y su problemática histórica
Montería, asentada sobre un terreno cenagoso, ha enfrentado históricamente un grave problema socioambiental asociado a las inundaciones. Durante la temporada invernal, el aumento del caudal del río Sinú y el desbordamiento de las ciénagas circundantes afectan de manera recurrente a comunidades urbanas y rurales, especialmente en la margen izquierda del río.
No obstante, la problemática trasciende lo ambiental y se adentra en lo social. En 2011, el geógrafo Édgar Manotas realizó un análisis de regresión logística a partir de entrevistas a familias de siete localidades de Montería, con el objetivo de identificar variables que explicaran la percepción del riesgo de inundación y las posibles respuestas frente al fenómeno.
Los resultados evidenciaron que la percepción del riesgo varía espacialmente entre las localidades y depende de factores como la presencia de familiares cercanos, el tiempo de residencia, el apego al lugar, la expectativa de mudanza y la actividad económica del jefe del hogar.
“Muchos habitantes de las zonas ribereñas de Córdoba, a pesar de considerar las inundaciones como un problema grave, optan mayoritariamente por permanecer en el lugar”, señala el investigador, una actitud comprensible en contextos de limitaciones económicas y la dificultad de reconstruir la vida en otro territorio.
Un vistazo a la geografía
En Montería, el riesgo de inundación urbana se clasifica como medio, según la información disponible en las herramientas de análisis territorial. Esta categoría indica que existe más de un 20 % de probabilidad de que, en los próximos diez años, se presenten inundaciones urbanas potencialmente dañinas e incluso mortales.
Este nivel de amenaza obliga a que las decisiones relacionadas con la planificación urbana, el diseño y los métodos de construcción incorporen criterios de gestión del riesgo. Entre las estrategias posibles se encuentran tanto la gestión de las cuencas de captación aguas arriba como la implementación de defensas contra inundaciones.

Así, la gestión de inundaciones es más viable en áreas de baja densidad urbana, como zonas rurales o periferias, dado que en sectores urbanos consolidados suele recaer en las autoridades locales y nacionales.
Medidas de protección: verdes y grises
La gestión de cuencas aguas arriba suele considerarse una medida de protección “verde”, ya que implica acciones como la restauración de humedales naturales o la reducción de superficies impermeables. Entre estas medidas se destacan:
La reducción de la escorrentía: la sustitución de superficies impermeables (como el concreto) por paisajes naturales y procesos de reforestación disminuye la velocidad con la que el agua de lluvia fluye hacia los ríos.
El almacenamiento de la escorrentía: humedales y embalses permiten retener el exceso de agua durante eventos extremos, reduciendo la magnitud de las inundaciones.
La restauración de ecosistemas naturales, además de disminuir el riesgo de inundaciones, aporta beneficios adicionales a la biodiversidad local.
Por otro lado, las defensas frente a inundaciones conocidas como medidas “grises” se basan en infraestructuras construidas, diseñadas para proteger zonas específicas o evacuar el agua con mayor rapidez.
Causas de las inundaciones en los últimos años
Entre las principales causas de las inundaciones recurrentes en Latinoamérica se identifican:
Cambio climático, que ha provocado un aumento de las temperaturas del aire y los océanos, favoreciendo una mayor frecuencia e intensidad de fenómenos extremos como lluvias torrenciales y sequías.
Ocupación de zonas inundables, que incrementa la exposición de la población al riesgo.
Según la Fundación Nueva Cultura del Agua, determinadas obras de infraestructura —como dragados, motas, diques, cortes de meandros y encauzamientos— alteran la respuesta natural del suelo ante las inundaciones. Estas intervenciones generan una falsa sensación de seguridad, lo que incentiva una mayor ocupación de áreas inundables y, en consecuencia, aumenta el riesgo.
Además, advierten que estas infraestructuras aceleran la velocidad del agua y elevan su capacidad destructiva aguas abajo










