Desde los inicios de las civilizaciones el hombre se ha preocupado por tratar de predecir el tiempo. Es muy importante para todos los que se dedican a las labores agropecuarias tratar de prever las épocas de lluvias propicias para iniciar la siembra de sus cultivos, y las épocas secas para cosechar y conservar sus productos.
En buena parte de América, había una antigua manera de pronosticar el comportamiento del tiempo durante todo un año basándose en las observaciones de los fenómenos atmosféricos que se presentaban durante los primeros días de enero: las cabañuelas
El término cabañuela proviene de la festividad judía de los Tabernáculos. En un documento del 1020 se menciona que los judíos colgaban cien cabañuelas en su barrio en memoria de los años que vagó el pueblo judío por el desierto del Sinaí.
Según lo expresa José Lora Vásquez, campesino de 84 años, se miraba el comportamiento de las nubes y los vientos para pronosticar que meses serían de lluvias y cuales serían secos empezando desde el primero de enero que correspondía al mismo mes; el dos correspondía a febrero; el tres a marzo y así sucesivamente hasta el 12 que correspondía a diciembre. Luego, desde el 13 hasta el 24 se invertían las cabañuelas y el 13 correspondía a diciembre; el 14 correspondía a noviembre; el 15 a octubre y, en consecuencia, el 24 a enero. Dice que el 25 “pintaban todas” y cada una de las doce horas del día correspondía a un mes.
Carlos Ortega Arrieta, campesino que tiene una parcela en la vereda El Bongal, cerca al Cerro de Maco, en San Jacinto dice que su padre, Carlos Ortega Pérez tenía doce totumitas marcadas con los meses del año y el primero de enero colocaba una porción de sal gruesa sobre una tabla y la tapaba con una; el dos de enero volvía a colocar sal y la tapaba con otra y repetía este procedimiento durante los primeros doce días de enero. Después del doce retiraba las doce totumitas y miraba con detenimiento las porciones de sal. Las porciones que estaban húmedas presagiaban meses de lluvia y las que estaban secas, meses de sequía.
En el departamento de Córdoba, los campesinos sembraban un grano de maíz, al lado del rancho, durante los primeros doce días de enero luego miraban cual germinaba primero para saber en qué mes sembrar la semilla para obtener mejores cosechas.
Para estos campesinos que se dedican a mirar hacia los cielos buscando conocer el comportamiento del clima es de muy mala suerte que llueva durante el periodo de las cabañuelas; ellos dicen que si las cabañuelas “malparen” se presagia un fuerte verano.
En la actualidad son pocos los campesinos que creen en las cabañuelas porque dicen que el “cambio climático” ha ocasionado que se trastoquen los tiempos, y más de uno, antes de salir para sus parcelas, le pide a los hijos que tomen el celular y averigüen el estado del tiempo que reporta el IDEAM.










